Sociedad

LA MENTALIDAD HIDALGA EN INDIAS

Escrito por Administrador. Publicado en Historia-Cultura-Noticias-Entrevistas.

Los españoles emigrados a América tenían un extraordinario interés en mantener las tradiciones y costumbres heredadas de sus antepasados. Cuando éstos pertenecían a la nobleza, era aún mayor el empeño por conservar esa condición de nobles hidalgos, y acreditarla debidamente mediante documentos, que la justificaran, para así transmitirlo a sus descendientes.

Esto era un reflejo de lo que se ha llamado “la mentalidad hidalga”, uno de los aspectos más característicos de la sociedad española, hasta el siglo XIX. Consistía en una extraordinaria sensibilidad  hacia todas las cuestiones referentes al honor, derechos y antigüedad de las familias, hasta el punto de que  en los siglos XVI y XVII se consideraba una afrenta “la novedad de la familia”, y todo el mundo se esforzaba por demostrar la pertenencia a un linaje que había sido importante “de tiempo inmemorial”. Por eso se ha dicho que todos los españoles llevaban dentro de sí un hidalgo en potencia.

Pero ¿qué ventajas tenía la hidalguía para ser tan apreciada? Era  de diversos tipos: honores, preeminencias, lugares reservados en las fiestas civiles y religiosas; el derecho a poner su escudo de armas en las casas, capillas y sepulturas de su propiedad, etc. Pero la ventaja más importante de los hidalgos era verse libres de pagar los tributos, o pechos, de acuerdo con el privilegio concedido a su familia “de tiempo inmemorial”, como recompensa a sus méritos y servicios, acudiendo a las guerras y defendiendo a los reyes y a la Corona.

Si por un lado era importante el hecho de no pagar impuestos, no lo era menos el considerarse fuera del estado de pechero, es decir, contribuyente ordinario, o lo que hoy llamaríamos “gente corriente”.

En las Salas de hijosdalgo de las Reales Chancillerías se amontonaban los expedientes y pleitos sobre estas cuestiones, pues allí era donde se tramitaban  los documentos necesarios  para probar la hidalguía. Los habitantes de la zona norte de la península debían acudir a la Real Chancillería de Valladolid, mientras que los de la zona sur lo hacían a la de Granada. Así, los archivos de estas Chancillerías guardan la memoria escrita de los intereses y ambiciones  de aquella sociedad de centurias pasadas.

La actitud de las mujeres ante la hidalguía resulta llamativa, pues aunque ésta solamente recaía en los varones, ellas se mostraban muy activas a la hora  de procurarla para sus hijos, actuando en su nombre cuando se encontraban ausentes, sobre todo cuando estos se encontraban en Indias, pues allí se valoraba mucho la condición de hidalgo.

Dos ejemplos, entre otros muchos, muy significativos de esta mentalidad nos lo proporcionan dos mujeres de épocas tan distintas como el siglo XVIII y el XVI.

En 1714,  Ana María de Casadevente, antepasada de un hidalgo castellano, presentó en la Chancillería de Valladolid todos los documentos necesarios para probar  la nobleza de sus hijos Ignacio y Miguel José “estantes en Indias”, y después de un largo proceso, consiguió al fin  que se les reconociera como hijosdalgo.

Por su parte, en 1574  Inés de Solís escribe desde México  a su hermana Ángela,  en Medina del Campo,  y entre otras cosas le insiste en que le envíen  “La ejecutoria de hidalguía de mi padre… porque aquí valen mucho los hidalgos de solar conocido”. También alude a que hasta México ha llegado la solicitud para que pague “el pecho”, a lo que se resiste por su pertenencia a familia hidalga, y asegura que ”yo no lo debo”, pero necesita demostrar la hidalguía de su linaje.

Esta simpática mujer medinense lleva más de veinte años en México, y nunca recibió noticias de sus familiares, a pesar de que ella les escribió varias veces. De ello se lamenta mucho, y supone que sus cartas no han llegado a sus hermanos, y por eso no le han escrito. Inés se muestra deseosa de conocer esos acontecimientos entrañables que marcan la historia personal de cada uno, por lo que pregunta por la salud de todos, y “si son casadas todas mis hermanas”.

Ella dice que tiene mucha  salud, está viuda y tiene un hijo. Su marido le dejó posesiones y haciendas por valor de 10.000 pesos, y se platea si venderlas y volver de nuevo a su tierra, pero espera que sus hermanos le escriban y aconsejen sobre esto. Además, refleja la añoranza por su familia cuando pide que al menos le envíen a algún sobrino para estar con ella, “pues estoy muy sola”, y también para que su hijo conozca a sus deudos y parientes.

No sabemos si Inés de Solís recibiría la ejecutoria de hidalguía que pide, pero su insistencia en ello es una prueba del valor que se daba a la condición de noble, y del trasplante a Indias de aquella mentalidad hidalga característica de la sociedad española.

por la Dra. María Isabel González del Campo

Doctora en Filosofía y Letras y

 

Miembro de la Asociación Española de Americanistas

Recomendamos

Noticias de ageanet

Escriba su correo electrónico