Crisis social y emergencia educativa

Muchos indican que se trata de una crisis económica y otros que moral, pero es una crisis más profunda: una crisis de educación

En todos los ámbitos de nuestra sociedad, desde la familia a la política, pasando por la educación, todos percibimos los efectos de una fuerte crisis, y a menudo no sabemos identificar el origen. Somos capaces de señalar lo que no nos gusta de nuestra sociedad, pero difícilmente los mejores analistas saben acertar el diagnóstico. Muchos indican que se trata de una crisis económica, y otros con más recorrido dicen que tal vez también es moral. Pero las dos afirmaciones se quedan cortas. Es una crisis más profunda, una crisis de educación. Y la educación nos interesa a todos, porque a través de ella se construye la persona, y por tanto la sociedad.

Reconstruyendo las virtudes cívicas (I) La moralidad

Si hay dos palabras que tengan mal crédito en nuestra cultura seguro que moralidad y deber ocupan un lugar destacado. La idea que de ellas se trasmite es que expresan imperativos opresores. La moralidad, en una intuición popular de matriz nietzscheana, es vista como una máscara dirigida a ocultar la verdad con afán de dominación y poder. La moralidad son las normas de las que se sirven para impedir la existencia de seres humanos libres, auténticos. El deber, por su parte, nace de un conjunto de normas externas al individuo que le imponen unos determinados comportamientos que ahogan sus impulsos de vivir y ser él mismo. El deber, como lo opuesto al amor sin ataduras, que es lo veraz, lo mejor, en lugar del contrato público matrimonial, surgido de una imposición.

McCoy razona por qué pondrá X en la casilla de financiación a la Iglesia Católica

Por si alguien no sabe de él, McCoy es Alberto Artero, director de la página financiera Cotizalia. Desde hace un par de años escribe ahí -como "McCoy"- una columna diaria, titulada “Valor añadido”.

No es habitual que alguien razone en público por qué va a poner su X en la declaración de la renta para financiar a la Iglesia católica. Y menos, que lo haga con gran estilo y profundidad de razonamiento.


Por qué debemos considerarnos cristianos

“Suprimir los símbolos religiosos lleva perder la memoria y ser incapaz de defender los derechos humanos”. “Si se niega el cristianismo, vienen los totalitarismos”. “Los partidos populares europeos han olvidado la cultura de la libertad”. “La tolerancia y la laicidad vienen de la tradición cristiana”

La labor social de la Iglesia vale más de 30.000 millones de euros

El Estado se beneficia de la labor social de la Iglesia. El despliegue de actividad de ésta resulta tan amplio que hasta el momento nadie –salvo el profesor Barea– se ha atrevido a cuantificarla. En opinión de Fernando Giménez Barriocanal, vicepresidente de Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal, la aportación de la Iglesia al Estado ronda los 30.000 millones de euros, una cifra que “podría ser” exacta. En el ámbito educativo, la escolarización de 1.400.000 niños en colegios católicos supone un ahorro anual para el Estado de 3.372 millones de euros.

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